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Mi nombre es Kermit Blair, nací en Panamá un dos de abril de mil novecientos setenta y tres, mi infancia transcurrió, normal: mi madre estudiaba para esos tiempos en la Universidad Nacional, ella se llama Zoila Espinosa de la Cruz

  • El rumor llegó a oídos, de éste grupo de estudiantes judíos que me agredían e intentaban violarlas, porque según ellos; yo, no podía estar con ninguna joven, que fuera de esa hermandad Judía
  • Doctora “neri” grimaldo
  • Posiblemente, haya utilizado a un amigo de su hijo mayor, victor ríos miranda
  • Morgan
  • Lo mismo ocurrió, con el señor guillermo cochez
  • victor ríos o alex anderson
  • Santiago, distrito de Veraguas



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    Panamá, 14 de Enero del 2009.


    Toda historia tiene dos versiones, seguro que el propósito de ésta carta es contar la mía; mi historia es difícil, es por eso que me ha costado bastante tiempo redactarla, algunos sucesos los hubiera querido olvidar para siempre y seguir con lo que queda de mi vida; pienso que la importancia de la carta estriba, en explicar lo que recuerdo de situaciones que se suscitaron en determinado momento de mi vida y cómo aquellos sucesos que en su momento pensé eran situaciones aisladas, en realidad no lo eran; en ella describo situaciones que pueden parecer una danza con la vesania, más, mi anhelo no es tergiversar ni difamar a nadie, mucho menos hacerle perder su tiempo y conforme lea mi historia, se dará cuenta que no es algo que pueda contárselo a todo el mundo; no me he caracterizado por hacer las cosas convencionalmente, además de ser una carta, es una denuncia, seguro que con mi suerte sea yo el que salga acusado al final… Comenzaré por presentarme: mi nombre es Kermit Orvill Blair Espinosa III, nací en el Hospital Santo Tomás, Bella Vista, Panamá; un dos de abril de mil novecientos setenta y tres; actualmente, mido cinco pies, once pulgadas; peso de155 libras aproximadamente, tez morena, cabellos y ojos color chocolates oscuros; poseo cicatrices en mi frente y parte izquierda de mi naríz y pómulo, poseo otra cicatriz, en la parte posterior de la cabeza; con número de identidad personal#: 8-433-285; vivo en un apartamento que comparto con mi Madre, la señora Zoila Edith Espinosa de la Cruz número de identidad: 8-199-1941 y que paga mi Padre, Kermit Orvill Blair Henry II número de identidad:1-9-726; ubicado en calle #17 Parque Lefevre, casa #18008 (Osesna), apartamento # 1; Panamá, República de Panamá. Mi infancia transcurrió normal: hijo único del seno de una familia de clase humilde; mi madre estudiaba para esos tiempos en la Universidad Nacional, ella se llama Zoila Edith Espinosa de la Cruz, de personalidad afable, mirada sincera, mide cinco pies seis pulgadas, aproximadamente y piel trigueña, cabellos y ojos chocolate oscuro; mientras que mi padre: Kermit Orvill Blair Henry II, trabajaba como mecánico industrial, mide unos cinco pies, nueve pulgadas, aproximadamente; de raza negra, cabellos grises, ojos chocolates oscuros; de robusta corpulencia debido a sus 12 años como fisiculturísta, de mirada inquisidora y buenos sentimientos. Inicialmente, me crié con mi abuela y mis tíos, los hermanos de mi madre en un viejo caserón de madera cerca de Barraza, Chorrillo, Panamá; donde cursé el parvulario en el instituto Tomás Alba Edison, nunca olvidaré esos momentos: con mis tíos, que en total eran diez y mi abuela materna; ni de cómo se escucha un disco de Ruben Blades un domingo en la tarde en el barrio de Barraza. Terminado el parvulario, viví, con mis padres, en Parque Lefevre, calle cuarta, casa #52, apartamento #5, Panamá; siempre ha sido un área tranquila y para esos tiempos llena de niños, de vida; por lo general pasaba los fines de semana con mis padres, allí, me encontraba con mi otra familia; mis amigos, me sentía como cuando me comía una pastilla; dicen que la vida es dulce como el azúcar y amargo como el limón; una vez estando mi Madre, en mi casa fui una vez a la tienda con mi tía Silvia, hermana menor de mi madre y recuerdo que me sentía alegre porque siempre lograba que me compraran algo en la tienda; de camino a la tienda, me solté del brazo de mi tía y corrí hacia la calle justo cuando un carro estaba pasando, me atropellaron, dejándome cicatrices en la cara, frente y parte posterior de la cabeza, sólo tengo ambiguos recuerdos despertándome en un Hospital Santo Tomás, Bella Vista Panamá; muy entrada en la madrugada de no sé que día, con un dolor de cabeza espantoso. Mis padres trabajaban y no deseaban que me quedara solo en la casa ubicada en Parque Lefevre, calle cuarta, casa cincuenta y dos apartamento cinco; así que, me mudé con mi tía: Idalia Taylor (QEPD) y sus hijos, Giselle Gallimore, Alex Gallimore, Gary Gallimore, Antonio Kennedy, Nicolás Kennedy; a la provincia de Colón, donde cursé toda la primaria; ingresé inicialmente a la escuela Carlos Clement; en la provincia de Colón, Panamá; el tercer grado lo hice en la Capital, en la escuela Manuel Espinosa Batista y el resto, nuevamente en Colón; pero, ésta vez en la escuela Pablo Arosemena, en la provincia de Colón, Panamá; de pequeño, me ha gustado la mar. Dicen por ahí; que es porque estar inmerso en ella, nos trae el recuerdo de cuando estábamos en el vientre de nuestras madres, o porque nos atrae lo prohibido; mi Mamá Idalia, se oponía a que fuera a la “playita” por ser el escondite predilecto de maleantes y personas del mal vivir; pero siempre buscaba una excusa, para escaparme e ir a pescar, tenía todo un plan para llevar aquella empresa: decía que estaba en la casa de un amigo: Refel, que vivía en Santa Isabel, al otro extremo de la ciudad, y luego me devolvía con sigilo hasta llegar a la playita, tenía que cruzar de un lado a otro de la ciudad de Colón, para poder pescar. Una vez en la Playita, esperaba para ayudar a cualquier pescador que deseara subir su bote a la orilla y en pago me daba carnada para pescar, luego; me dirigía hacia el rompe olas, allí tenía mi cuerda de pesca escondida entre las enormes rocas que conforman el rompe olas y que su final coincidía con el puerto de Cristóbal, en la provincia de Colón, Panamá; casi siempre tenía cuerdas de pesca nuevas; algunas veces, los niños de la playita, la tomaban prestada y no me la devolvían… Recuerdo también a mi tía abuela: Inocencia, que vivía en un edificio que quedaba en la otra esquina de la cuadra y en la que siempre me encontraba jugando con mis primos, cuando no estaba en la playita; eran como treinta y cinco, no mentira; eran los hijos de familiares de mi tía abuela; que de alguna forma eran parientes lejanos míos también; de Colón recuerdo jugar y contar historias en la noche en las escaleras sobre gente muerta que se aparecía en los baños comunales; la marcha de las antorchas de los bomberos o ver en los carnavales a los diablos y saltar en las comparsas; a los diez años, calculo yo, haciendo carrera con uno de mis primos, resbalé de un peldaño, rodé por las escaleras y me golpeé la frente con una puerta de metal al final de la escalera, al principio pensé que había despertado de una pesadilla con un terrible dolor de cabeza, luego, sentí un calor que recorría mi frente y que, al entrar en contacto con mis ojos, me producía dolor, cuando palpé aquello que creía era sudoración, me percato, de su color; corrí gritando a la casa de mi tía, al otro lado de la esquina; al ver mi tía mi rostro ensangrentado empezó a gritar también y todos en la casa comenzamos a gritar, hasta que uno de mis primos Nicolás, alto, de tez negra, contextura delgada y dedos de alienígena; me llevo caminando al Hospital Amador Guerrero, Colón, Panamá; recuerdo que la camiseta que tenía en la frente para contener la hemorragia había cambiado de blanca a roja y me sentía muy débil, de camino al hospital, le dije a Nicolás, que tenía ganas de sentarme para descansar, a lo que me contestó que estábamos llegando y de un jalón, me levantó del suelo. En el hospital, sentí dolor y el frío cuando la aguja hipodérmica entraba en la herida para aplicar la anestesia, que recorría mi frente adormeciéndola poco a poco; doce puntos después y un extraño corte de pelo en la frente para proteger la herida de infecciones; estaba en casa, tomando soda y contando a todos lo que me había pasado.

    A mi madre se le ocurrió que debía ocupar mi tiempo en cosas positivas, porque esa playita no era buen ejemplo; así que, me inscribieron en el INAC (Instituto Nacional de Cultura), que estaba ubicado a un costado de la vieja casona en donde residía; Allí, el profesor trató de enseñarme guitarra clásica, pero él, faltaba mucho; muchas veces me encontraba en aquellos salones tocando sin ninguna pista mi guitarra; a veces me internaba furtivamente en el salón donde se encontraba el piano y pretendía saberlo tocar o me encontraba a alguien tocando a aprendiendo a tocar algún instrumento y le hacía preguntas al respecto; asistí regularmente por meses, puesto me quedaba a dos pasos de donde vivía con mi tía; mis incursiones clandestinas a la playita nunca cesaron.



    Un año después, me encontraba en Panamá nuevamente, cursando el primer ciclo de la enseñanza secundaria, no había perdido el acento Colonense; mi madre se había ido a trabajar al exterior como voluntaria para el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR; la ví pocas veces y ahora vivía con mi Padre en calle cuarta Parque Lefevre, casa#52, apartamento #5; siempre fui un niño introvertido y tímido ante extraños, que pasaba desapercibido; tuve un par de novias en donde vivía, nada fuera de lo común; hasta el día de la invasión a Panamá: esa mañana lo extraño fue que mi padre no peleó como de costumbre conmigo para que fuera a la escuela, y me pareció extraño oír “bombitas” explotar a esa hora de la mañana; había comenzado la invasión para apresar a Noriega, días después: el barrio perdió uno de sus hijos: una camioneta tipo van, que viajaba con destino al Hospital Santo Tomas y que al pasar por alto un reten, del gobierno Norteamericano; quedó totalmente destruido al recibir repetidos impactos de ametralladora; el resto ya lo sabe, a lo mejor tenga su versión personal de lo ocurrido. Dicen que es mejor no acordarse de la espina que se encuentra en el corazón para que asi, duela menos.

    Pasó un verano más y ya, estaba en sexto año, del Instituto William H Kilpatrick, Parque Lefevre, Panamá, pueden creer que fui el primer alumno en matricularme en ese pequeño colegio, sí; el primero en matricularme; no de la clase… En el salón éramos treinta y dos, que se redujo a sólo doce, cuando cada uno, fué tomando su rumbo por la vida, estaba por graduarme de ciencias y letras y ya que, había estudiado comercio hasta quinto año, obtuve un perito comercial también. Ingresé a la Universidad Santa María la Antigua, (USMA) y de veras que para mí, en ese entonces, todo era nuevo; nunca imaginé lo que me esperaba y en honor a la verdad, mi padre quería que fuera a la Universidad Tecnológica, de Panamá, pero no logré el puntaje, en los exámenes de matemáticas, para la licenciatura; solamente calificaba para ingresar como técnico; bueno ya estaba, en la USMA y sería mejor que saliera con ese título en la mano, sino, mi padre estaría muy decepcionado de mi; me inscribí en la carrera de ingeniería electrónica, hice el curso de verano, y todo iba bien, estaba conociendo a nuevas personas, en realidad conocí, toda clase de personas; el curso de verano se termina y comienza el semestre regular; el rumor del violador, lo comenzaron jóvenes de la élite aristocrática panameña, mayormente como un apodo; bueno, pensé que era un comienzo, de alguna forma había que romper el “hielo” así que, no les dije nada; había conocido a una joven en las clase, en las cuales asistía y éramos novios; días después, mientras salía de uno de los cursos, antes de salir, una joven, paso al lado mío, yo estaba mirando con dirección al suelo, la dirección que tenía mi cabeza, daba la sensación que, le estaba mirando lascivamente, cuando en realidad estaba pensando en los problemas que tenía para entonces y buscaba una forma de resolverlos; la joven en cuestión, la cual desconocía; días después, me acusa de haberla violado, ella, es familia del ex dueño del diario La Prensa (roberto ithiel eisenmman): llega al salón donde daba clases y me acusa de haberla violado1; sólo algunos estudiantes la apoyaron, la mayoría amigos suyos; nadie le prestó atención porque no había forma de haberlo hecho y menos en presencia de todos, pues, decía que aquella acción había ocurrido en el salón de clases; al principio, lo tomé con humor y hasta hacía bromas al respecto, lo que la motivó a diseminar el comentario dentro de la Universidad Santa María la Antigua (USMA), de una forma mal intencionada2; éste fue el comienzo de una serie de agresiones; días después, estando en el baño de caballeros, tres estudiantes se adentran, y tomándome desprevenido aprovechan el hecho de tener los pantalones desabrochados para violarme3, intenté detenerlos pero comenzaron a pegarme, intenté muchas cosas mentalmente; creo, que no podía creer, lo que me estaba pasando, me sentí horrible, menos que un hombre, se detuvieron al entrar un profesor al baño, a lo que aproveche para salir corriendo. Dice un dicho popular: Llora como mujer, lo que no pudiste defender como hombre y eso hice.

    Caminé desde la USMA hasta la casa, pensando que podía perder las penas en el camino, cuando llegue a la casa, entré al baño y me vi al espejo, seguían ahí; me culpaba por dejar que me violaran, sentía un desprecio hacia mi mismo; llorando trataba de quitarme el dolor, frotando el estropajo, lo más fuerte posible contra mi piel; mientras me bañaba; pensando que me diría mi viejo; no podía ver al viejo a la cara seguro se iba a enterar.



    Al día siguiente volví a la Universidad, como si nada hubiera pasado a la misma clase, mismo salón; eran tres y en contra de la razón, me levanté de mi asiento para acusarlos frente al salón, de lo que me habían hecho, el día anterior, en el baño delante del salón de clases; cuando terminé de describir, lo que me habían hecho y al ver que el profesor no hacía nada, me recorrió una sentimiento de ira, como nunca había sentido antes, me les abalancé a pegarles a los tres; pero no pude contra ellos, el profesor les dio la razón y así todo el salón; pregunté por sus nombres pero, nadie dijo nada, me sentí tan mal, que volví a intentar pegarles, pero simplemente no podía contra ellos; cuando puse la denuncia, fueron pocos los que me creyeron, mis agresores mantenían una aureola de bien portados; busqué ayuda: un profesor que escuchó mis alegatos, llevó a un doctor y pedí que se me examinara, delante de todos ahí presentes en el salón, ya no importaban los posibles escarnios ni afrentas; el doctor corroboró el hecho de que fui violado; más, nunca pude proceder legalmente porque los familiares y abogados de mis agresores diseminaban toda clase de injurias a familiares y amigos, buscando apoyo, basado en la desinformación acerca de lo que realmente había ocurrido, hasta de culparme por estar estudiando en esa universidad. Semanas después, me enteré que no había sido el único al cual habían violado, éste grupo de estudiantes judios; pues, al parecer era una extraña práctica Judaica ortodoxa considerada “normal” entre los jóvenes judíos ortodoxos, en la cual se violaban entre ellos, hombres y mujeres4; esa fue una de las muchas excusas que me dieron, semanas después de lo ocurrido, tratando de mantenerme en silencio; para entonces, de veras sentí que esa respuesta, no era suficiente para mí; mi reacción fue calmada y silenciosa al principio: pedía explicaciones y me disculpaba por haber hecho alguna acción, que no fuera del agrado de los alumnos, que es totalmente absurdo; mayormente siguiendo consejos de “profesores(as)” que para nada sirvieron, pues las agresiones no cesaron5; tenía una novia Judía, era de mi estatura, cabellos chocolates claros, al parecer la familia de ella, era de un nivel social inferior, comparado al nivel social de mis agresores, razón por la cual era segregada; éste grupo de estudiantes judíos se enteró y trataron de violarla; al contarles lo que pasaba y que pensaba hablar con el decanato, los profesores, sólo guardaban silencio; ellos, me hacían ver, que no era necesario, pues, el problema sería arreglado; nunca cumplieron, tal promesa; lo que recuerdo de aquella joven, fué que le contó al detalle, a todas sus amigas de la universidad, que habíamos tenido relaciones y ahora sus amigas, estaban curiosas por saber si aquellas historias, eran verdad; llegando hasta el chantaje, si me negaba a tener relaciones con ellas; me enojé con aquella joven, porque estaba revelando hechos, íntimos de nuestra relación, a personas las cuales no conocía. Iniciando un nuevo problema, pues; al parecer, no podía estar con ninguna de ellas, por no ser Judío.

    El rumor llegó a oídos, de éste grupo de estudiantes judíos que me agredían e intentaban violarlas, porque según ellos; yo, no podía estar con ninguna joven, que fuera de esa hermandad Judía; ellas, al sentirse impotentes de no poder divulgar los nombres de sus agresores, pues éstos, eran de familias Judías influyentes; optaban por inculparme a mi; mi personalidad era tranquila para entonces; pues, me encontraba, en un ambiente nuevo para mí, no tenía idea, que ésta clase de conductas, pudieran existir y ser tomados como pensamientos y conductas racionales; guardaba silencio, me limitaba a perdir disculpas, aún cuando; no estaba de acuerdo con lo que escuchaba.

    A pesar de no ser un maleante o una persona problemática; he vivido, en áreas marginales de la República de Panamá, adicionales a mi dirección de residencia en Parque Lefevre; Colón y Puerto Pedregal, corregimiento de David, provincia Chiriquí; ambas áreas rojas, ambas, provincias de Panamá; debido a las constantes agresiones hacia mi persona y mi novia, mi personalidad se tornó desafiante y sarcástica, con éste grupo de estudiantes judíos y todos los que los apoyaran, al no lograr, mi objetivo: Justicia, Respeto; mi silencio había sido mal interpretado: “el idiota” “el retrasado mental” por éste creciente grupo de estudiantes. Pensé que me respetarían, si hacía ver, que era mayor que ellos; tenía 18 años cumplidos y dije, que tenía 28 años; funcionó al principio; mas, llevado por las incitaciones de otro grupo de profesores, continuaron las agresiones psicológicas y luego físicas, porque ahora era demasiado “mayor” para estar en un horario, en el que, van los recién graduandos; algunas profesoras y profesores, apoyaban a éstos estudiantes, ellas(os), querían entrar en ése circulo social, a través de los familiares, de éstos estudiantes; así que, cuando me defendía de mis agresores, algunas profesoras(es), comenzaron a decirles a todos sus colegas, que yo, estaba loco, sirviendo como cómplices a éstos; haciendo ver, que yo, era el agresor y no el agredido; para entonces, no le decía nada a ellas, guardaba silencio, por normas culturales: a las mujeres, no se les maltrata, ni con el pétalo de una rosa. Hubo, una profesora, presunta hermana de la Doctora “Neri” Grimaldo, que después de saber lo que pasó, me acusa de “haber tenido la culpa, de que me hubieran violado” utilizando una verborrea impresionante, como tratando de convencerme, de tener la culpa de la violencia de la cual había sido objeto, lo que me molestó más aún; al punto, de perder la calma y propinarle un golpe; ella, es familia de la Dra. “Neri” Grimaldo (Psiquiatra), madre de un ex amigo, José Grimaldo, alias “Ote” me conocen y los conozco desde que yo, era un adolescente, pues solía vivir cerca de donde ellos viven, en calle cuarta Parque Lefevre; ésta señora, hermana de la doctora “neri” grimaldo, junto con su familia, buscó refugio en su ciudad natal: Santiago, distrito de Veraguas, Panamá; ésta profesora, incitaba a mis agresores y aún cuando se llegara a un punto, en el cual se dejaba ver, que la joven, que me acusaba no había sido agredida sexualmente, seguían los malintencionados comentarios, las incitaciones6 de agresión en mi contra, sabiendo de antemano que no había agredido sexualmente a nadie; hasta cierto punto las incitadoras y agresores, buscaban con sus constantes agresiones tanto físicas como verbales, provocar una respuesta de mi parte; para hacer ver, al que no sabía lo que estaba pasando, que era yo, el que sin motivo; les quería hacer daño, meses después ví a la profesora en cuestión, en una reunión familiar de los grimaldo, en calle cuarta Parque Lefevre, al verme, la hermana de la Doctora “neri” grimaldo, no dijo nada, pensé que era una forma de la señora “nerigrimaldo, de hacer ver a su hermana que yo, era un conocido de la familia, que ellos me conocían; años después, su sobrino jose grimaldo, alias “ote” me contaba qué su tía, se había mudado a la provincia de Veruaguas, provincia de Panamá; allí, el mayor de sus hijos, había adquirido equipo pesado, que alquilan, entre otros negocios…

    Producto de las constantes agresiones, fui visto por unos psiquiatras; sin saber, eran amigos y conocidos de la familia de los jóvenes judíos que me agredían; para ese entonces, lo único que éstos doctores hicieron fue, analizar la forma de hacer parecer que yo, estaba loco; sabían lo que estaba pasando, mas callaban y se inclinaban por decir: que mis alegatos eran sólo un déficit de atención; que todo lo había inventado, que estaba loco7; Un día, se apersonaron un doctor, junto con unos internos e intentó inyectarme algo, no me dio mayores explicaciones del porqué o me dijo, qué era lo que estaba por injectarme; no me dejé, en la lucha, logré quitarle la jeringa y se la inyecté a él, en el cuello; me enteré años después, que aquella persona es Psiquiatra, de apellido Sayavedra (actualmente es el director de la sección de Psiquiatría, de la Caja del Seguro Social, ubicado en la Vía Transístmica, Panamá)8, cabe destacar que la señora “neri” grimaldo, trabaja en la misma institución hospitalaria; una “hermana” que trabajaba en la USMA, como profesora, instigaba en mi contra, basada en las falsas acusaciones y es otra, de los muchos médicos que incitan en mi contra9. Otra persona que me agredío, fue el señor fankie miranda, ex presidente del colegio de abogados de Panamá, verá; su hermana, es la señora rosalba de ríos miranda, vive en calle cuarta Parque Lefevre, era mi vecina, me crié con sus hijos: victor ríos miranda y ricardo ríos miranda; la hermana, de nombre tamara ríos miranda, siempre fue algo introvertida, así que no tuve el mismo contacto que con sus hermanos. Tío frankie, como le dicen sus sobrinos de cariño, debido a las instigaciones, me agredió en presencia de éstos Judíos, en unos de los tantos salones de clase, pensé que no se acordaba de mí; más, a las semanas, en una fiesta familiar en casa de su hermana, me vé y no me dijo o pidió mayor explicación, por lo que había pasado semanas antes en la USMA; fue donde caí en cuenta que él, tal vez estaba anuente, meses después, de mi salida de la USMA, el señor franki miranda, era dueño de un negocio de venta de helados: “franki” ubicado en un centro comercial detrás del centro comercial de El Dorado, Panamá, que quebró; se compró un auto marca Mercedes Benz, color gris y una Jeep Grand Cherokee full extras, color gris, que su sobrino ricardo ríos miranda averió; su hermana, la señora rosalva de ríos miranda, instigó tanto a familiares: victoriano ríos (padre de sus tres hijos) con residencia en la comunidad de Bajo Grande, Cerro Punta, provincia de Chiriquí; a un hermano, de nombre marcos miranda, que vive en Norteamérica y que es policía retirado; la señora rosalva de ríos miranda, instigó a personas que trabajaban con ella, en las antiguas bases Norteamericanas, para que me agredieran; cómo lo supe: a mediados del 2012, por facebook, la mayoría de las personas de Colón de raza negra, las cuales no conocía y que se apersonaban a agredirme en distintos lugares, estaban agregados como sus amigos, semanas después le escribí, un mensaje en su cuenta de Facebook, aconsejándole que se cuidara, pues, había personas agregadas en su cuenta de Facebook, que tal vez; querían obtener información, para hacerle daño a mis seres queridos; sin saber que era ella, la que estaba instigándolos a todos. Posiblemente, haya utilizado a un amigo de su hijo mayor, victor ríos miranda, de nombre yamir ortega, de la provincia de Colón; tez morena, mide cinco pies diez pulgadas, aproximadamente, calvo; él, trabajó, en la compañía Ubuntu, compañía de creación y mantenimiento de páginas de internet, mientras ésta, se encontraba en Panamá; para tener acceso a activos, de inversiones hechas en el pasado. Otro de los abogados que me agredío, por las instigaciones de mujeres, fue el señor manuel renato pereira melendez; que un día se presentó en un salón en el cual estudiaba y estando él, en compañía de mujeres de raza negra, me agredío, supuestamente, porque había violado, no sé, a quién; actualmente, el señor manuel renato pereira, tiene un programa radial llamado más debate, el cual usa para hablar del “maleante” del “narcotraficante” (yo), claro que omite mencionar mi nombre, no vaya a ser, que sea contra la Ley. Otro de los abogados que se aprovechó de la situación fué, el señor Morgan, abogado, dueño de la firma de abogados Morgan & Morgan; al principio, cuando se apersonó a la USMA y se enteró lo que me pasaba, se mostró en pos de defenderme; me defendió tanto, que le decía Papá (es la razón del segundo apellido en el nombre de firma de abogados), luego, le comenté la razón por la cuál era agredido y le comenté mis deseos de hacer negocios que me permitiesen tener un futuro mejor; le dí fondos para la formación de la firma de abogados, es todo lo que recuerdo de él. Lo mismo ocurrió, con el señor guillermo cochez, quien, después de mostrarse comprensivo conmigo y mi situación, esbosa la tan odiada frase, no te procupes yo, te ayudo; tal vez, así lo hizo, por un tiempo; luego, me cuenta que deseaba hacer un negocio, al transferír los fondos y poner en ejecución la idea de negocios; hizo acto de desaparición, mientras las personas de las que me estaba defendiendo hacían su acto de aparición con su himno, “el la violó” la ex procuradora general de la nación, la señora ana matilde gomez, pero, ya para entonces; me costaba creer en muchos de ellos y ya me imaginaba, que iba a pasar luego que me brindaran de su supuesta ayuda: falsas acusaciones, robo e intento de asesinato.

    Otras de las muchas personas implicadas, resultan ser mis ex vecinos de la calle cuarta Paque Lefevre, pero, de ésta información, me entero mucho después de los sucesos que estoy por describir, tendientes a que se me asesinara, sin embargo considero importante, el mencionarlos en ésta, parte de la historia; la señora elsie abad, hermana del señor jaime abad (mis otros vecinos); la señora elsie, conoce a las judías(os), que, instigaron a casi, todos a agredirme; pues, trabaja en la embajada Norteamericana, desde hace años y tiene amistad con las mismas; yo, había conocido en la USMA, a un familiar suyo, de nombre kathia velarde; con la cual, había entablado una amistad, tan pronto se enteraron sus padres, se oposieron a nuestra amistad, meses después, se enteraron que había tenido éxito, en las finanzas; casi toda la familia me acuso de haber violado gracias a las instigaciones e incitaciones de la madre de kathia velarde; tanto su padre, como su madre, se apersonaron a la USMA a acusarme frente a un salón de clases lleno de estudiantes; la incitación funcionó como una cadena: la madre de kathia velarde, le dijo a su hermano (de apellido botello), que era el esposo de la señora elsie abad y ésta, a su vez, le dijo a su hermano jaime abad. Hasta hace poco, la hija menor, de la señora elsie abad, de nombre, elsie michelle botello abad, era mi mejor amiga; la razón por la cual, caí en cuenta; fue, porque ella, me mostraba a las personas que había enviado su familia y amigos para agredirme y tratar de asesinarme, mientras ella, trabajaba para las Fuerza Aérea de los Estados Unidos; maleantes y vendedores de droga de Casa # 8; ubicada en la calle #15 Parque Lefevre, mejor conocido como “El caserón” en especial un ciudadano cuyo alias es “dan dan” tez negra, seis pies aproximadamente;que también tiene residencia en el barrio de San Joaquín, Pedregal; un ciudadano Norteamericano, de nombre christopher gregory alias “christ” ex colaborador del centro de llamadas conocido como Nobel Panama Relocation; administrados por unos Israelitas: barak cohen y sherly cohen. “christ” trabajaba como agente de ventas, para el proyecto Prime Vanlines; caucásico, marcado sobre peso, cabellos y ojos chocolates oscuros; ellos, me agredieron y trataron de asesinarme, en diversos momentos de mi vida, en diversos puntos geograficos. kathia velarde, conoce a nicole w. delpit, no sé desde cuándo; kathia velarde, trató de salir embaraza de mi10, utilizando a nicole w. delpit; para que me llevara a una casa, el cual no recuerdo su dirección; mas, puede que sea la misma dirección de su acual residencia; para tener relaciones conmigo; actualmente, la señora kathia velarde, tiene una hija; michelle botello abad, me comentó que era con alguien de la provincia de Santiago, Panamá. Otro de los muchos ex amigos, es el señor alex anderson, el cual, también era mi vecino de la calle cuarta parque lefevre, él y sus hermanos adler anderson y elmer anderson, casi que se criaron conmigo, antes que se fueran a vivir a los Estados Unidos, Atlanta, en el estado de Georgia; su padre, el señor Elmer Anderson, jubilado de la antigüa Zona del Canal; conoce a mi padre, desde que eran adolescentes, pues, estudiaron juntos, en la provincia de Bocas del Toro. alex anderson, es amigo; del sobrino de el señor virci, alias “pipo”; de nombre alejandro ventre virci, dueño de la compañía de pastas La Suprema, el cual, conozco también desde mucho antes, que los incidentes los cuales describo pasaran; mas; nunca tuvimos él y yo, una relación fraternal, como las que tiene con el señor victor ríos o alex anderson, ambos ex amigos; desde el año 2012, alex anderson ha vendido, bienes y negocios que poseía, como: un taller de nombre ALZABA, en los cuales brindaba, los servicios de mecánica, pintura y chapistería, el necio contaba con servicio de grúas; casi todas las personas implicadas, tienen nexos, con personas de Santiago, distrito de Veraguas, la provincia de Chiriquí y la Península de Azuero; mayormente, por alguna promesa de asilo, en esas regiones; Chiriquí, Veraguas y Península de Azuero, por parte del señor virci alias “pipo” y allegados, a las personas que logran robarme o hacerme daño11.

    Luego de las agresiones, siempre aparecían personas de ambos sexos, que con frases filosóficas12, los cuales, calmaban la opinión de los que presenciaban toda la barbarie, el crimen y con sus reflexiones religiosas, discursos de paz y demás, lograban disminuir la percepción, de los ahí presentes y que en su mayoría, desconocían lo que estaba pasabando realmente; con sus falsas promesas, lograban calmarme para desistiera de cualquier demanda legal; haciéndo ver, cualquier intento de buscar justicia de mi parte, como un acto, de una persona no “evolucionada”.

    En repetidas ocasiones, personas de distintos sexos, me apuntaron con armas de fuego cargadas con balas de salva y disparaban, sin yo saber que eran de salva, lo cual constituye un método de tortura, según los estatutos de las Naciones Unidas; estos mismos familiares de mis agresores, compraban y amenazaban a todo el que me apoyara. Hubo personas que, me dieron el beneficio de la duda para entonces o por lo menos me daba la oportunidad de hablar, de decir mi versión.

    Cuando pensé, que todo estaba perdido y habiéndome cambiado a otro grupo diferente, la conocí a ella; era una hermosa joven de tez blanca, ojos y cabellos oscuros, sonrisa encantadora, voz de ángel; todo comenzó como una amistad, que con el tiempo fue creciendo, pronto tenía que verla, aunque sea para hablar cosas sin sentido; le conté que escribía y por primera vez conocí a alguien que le gustara lo que hasta el momento había escrito, me gustaba mucho, me parecía extremadamente hermosa, al extremo de sentir temor al rechazo de confesarle mis sentimientos por ella, más; disfrutaba de su compañía: me gustaba sus cabellos negros, sus labios, me perdía en su mirada; me convenció para que cantara lo que había escrito, minutos antes, le canté la canción a ella solamente, le gustó tanto que me besó; me sentí ungido, listo para la batalla, cuando comencé a cantar noté su mirada que me alumbraba sin cesar y que me pedía sin palabras que la mirara, nos seguíamos besando frente a todos con la mirada; luego, al terminar de cantar seguí su mirada hasta encontrar sus labios nuevamente, fue sublime, ya no importaba lo que pensara la gente, si a ella le gustaba bastaba y sobraba; había encontrado mi musa, los rumores llegaron a los oídos de su padre y un buen día la separó del “violador” no la vi nunca más, traté de hablar con él: en realidad entre sollozos le suplicaba que no la alejara de mi lado (lo cual es bastante difícil de entender); sólo me agredía y se mantenía en silencio; destellando una mirada de desagrado, se me olvidó su nombre; sentí como si me hubieran quitado las estrellas del firmamento, como si me hubieran despertado del más hermoso sueño, para sumergirme en mi mundo de pesadillas; sentía que no podía tener a nadie más a mi lado y aunque había ganado cierta “famita” sin ella a mi lado, me sentía solo; mas se me olvidó su nombre, (me declaro culpable por ello) así que pretendía que nunca se había ido de mi lado: conversaba con ella en todas partes, parecía loco, no me importaba; a pesar que podía dejar el país, no lo hice, pues tenía la esperanza que me encontraría.




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