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Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Se afirma el monoteísmo cristiano de un solo Dios y Señor, de palabra poderosa que hace lo que dice, que es un Padre que todo lo puede.

Con sólo esta afirmación ya se ha asentado el principio jerárquico. Pero se sostiene que su señorío no es despótico, sino paternal.

Es un Señor que con su palabra crea con ella el cielo y la tierra; y como que es su palabra poderosa la que da el ser, su creación es de la nada. Él es el creador de todo lo existente, sea visible o invisible.

Esta afirmación va en contra de los gnósticos que sostenían que el Padre era absolutamente transcendente y ajeno a la creación, que era obra de un Demiurgo.


Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos:
Se profesa la creencia en Jesucristo, que es el Enviado por el Padre, que es su único Hijo, que procede del Padre antes de todos los siglos. Él es único el Enviado por la Autoridad suprema y es Señor, del mismo rango de Dios y es Dios; procede de Él, como su único Hijo, sin tiempo.
Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre;
Ese único Señor enviado es Dios verdadero de Dios verdadero, Luz de Luz. Contra Arrio se afirma que es engendrado, pero no creado. Se distingue claramente la noción de “engendrado” de la noción de “creado” que Arrio identificaba.

Y se hace la gran afirmación, también contra Arrio, Jesucristo no es creado de la nada, ni comienza a existir, es eterno y de la misma naturaleza del Padre (homoousios).


por quien todas las cosas fueron hechas;
Jesucristo es el Verbo poderoso de Dios por quien todas las cosas fueron hechas. El Enviado por el supremo Señor es su Hijo unigénito y su Verbo. Hasta aquí se cumple a la letra el paradigma mitológico autoritario aunque la investición semántica sea diferente.
que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación descendió del cielo,
El Enviado por el Padre, desciende de los cielos para restablecer a la humanidad, caída por la desobediencia de nuestros primeros padres. Viene a restablecernos en la sumisión y entrega, con espíritu filial, al Padre.
y por obra del Espíritu Santo se encarnó en María la Virgen, y se hizo hombre;
Jesucristo es Hijo del Padre y de María la Virgen, por obra del Espíritu Santo. Se afirma la doble sustancialidad, humana y divina, sin mezcla en la unión. Aquí continúa el trasfondo mítico, pero se entra ya en el terreno de la reflexión teológica para precisar la creencia frente a Nestorio.
y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado,
El Enviado del Padre, su Hijo unigénito, consustancial al P adre, hace, a la vez, el papel que las divinidades agrarias jugaban en las mitologías agrario-autoritarias clásicas. Siendo divino y celeste, debe morir y ser enterrado para hacer, por voluntad del Padre, a la muerte fecunda. La muerte estéril es la que termina en pura muerte; la muerte fecunda es la que se transforma en vida, como los granos, que sólo cuando mueren, cuando son enterrados, dan fruto de vida.

En el caso cristiano, como ya hemos indicado, se conjuntan la mitología –los programas colectivos- de las sociedades agrario-autoritarias propias de las sociedades helenizadas y romanizadas, con la mitología –programa colectivo- de Israel que es fundamentalmente ganadero. Por tanto, el Enviado, que muriendo vence a la muerte estéril, vence también al Principio del mal y sus asociados.

Aquí estamos en plena figuración mítica, aunque pueda tener un fundamento histórico en la muerte, ajusticiado, de Jesús de Nazaret. Todas las figuras divinas agrarias mueren violentamente y deben descender al seno de la tierra, a las regiones inferiores. En este símbolo no se habla de la bajada a los infiernos de Jesús, pero sí en otros.

y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
Las figuras agrarias divinas deben morir violentamente, descender al seno de la tierra y resucitar. La resurrección es la manifestación de que, en adelante, la muerte es fecunda, gracias a la pasión y muerte del dios que procede del ámbito supremo del Señor, dios supremo, y en el caso cristiano, que procede del Padre.

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